La tecnología no falla. Fallan las decisiones alrededor de ella.
El 90% de los proyectos informáticos fallidos no se deben a fallas en el código o hardware, sino a falta de claridad en los objetivos, burocracia sin sentido y procesos mal diseñados.
Comprar software no es transformación digital.
Adquirir plataformas costosas sin capacitar al equipo ni simplificar los flujos operativos solo digitaliza el caos previo con mayor gasto de suscripción.
Los datos que no se usan para decidir son un gasto inútil.
Almacenar terabytes y construir paneles decorativos no genera valor si las decisiones gerenciales se siguen tomando con base en ocurrencias o intuición no validada.
La mejor solución es la que la gente realmente adopta.
Un sistema simple implementado al 100% entrega diez veces más valor que una arquitectura hiper-compleja que el personal evade por fricción.